viernes, 13 de febrero de 2026

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Cap.1
La primera vez que lo conocí, era una mañana de Junio. Había acordado esperarlo en la casa que estábamos por remodelar y yo había llegado puntual. Laura, una amiga en común, me había conseguido su contacto y ahora todo estaba pactado. Nos veríamos esa mañana para que el pudiera elaborar presupuestos sobre los trabajos que debía realizar. 
Recuerdo mirar hacia la calle y ver un muchacho sentado en la banqueta de la esquina de la casa. Era joven, pero quizá la vida, el trabajo duro o la experiencia eran los responsables de que su semblante fuera el de un hombre de edad. Moreno, barba cerrada, un poco más bajo que yo. Ojos taimados, llenos de ternura y de noches de insomnio. Por un mensaje de texto supe que era el y me apresure a recibirlo. Salí a la calle y le pregunté si el era Martin. Recuerdo ver un gesto de sorpresa, recuerdo un poco de nerviosismo en su actuar. No me miraba a los ojos. Me contestaba sin levantar la cara. Evadia mi persona. Claro que lo contratamos y empezó a trabajar en la casa con dedicación y esfuerzo. A pesar de las dificultades que tuve para encontrar un buen albañil, Martin resultó ser un trabajador formidable: era honesto, leal, responsable, respetuoso y como todo buen constructor, amante del trago. Desde ahí me cayo bien, yo misma me consideraba una alcohólica funcional. En su primer día nos cayó un aguacero. la casa por esos tiempos tenia un pasillo al aire libre que conectaba la planta baja con el primer piso y cada que llovía era promesa de bañarte. Lo vi prepararse para la primer parte que consistía en preparar el techo para colar una losa. Me dio pena verlo mojarse cada vez que pasaba por ahi y le di mi impermeable, el cual nunca lo vi utilizar, pero desde ahí debí saber que eventualmente querría darle más que eso. 


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